domingo, 14 de enero de 2018

REFLEXIONES SUELTAS, LA RESIGNIFICACIÓN DE LA IDEA DE BELLEZA




MÓNICA MOLINA SALDARRIAGA
2011
Hablar de los procesos de creación y reflexión estética en la modernidad, es pensar en términos de una mutación continua de la imagen y los procesos de creación artística, en el interior de espacios sociales que entran en unas grandes   transformaciones   económicas, sociales y culturales. Lo cual, no solo cambia la función de la imagen y la creación artística, sino también la forma de ver, sentir, pensar y vivir la obra de arte.
El siglo XVIII es una época de notables alteraciones en la manera de percibir, y concebir el papel que desempeña el arte. Así el discurso moderno abona el terreno, para desarrollar una crítica entorno a las dinámicas que configuran  los estilos de vida del individuo urbano, pues este cotidianamente está una constante metamorfosis, y a su vez desea participar activamente en diversos procesos culturales, y nuevas construcciones simbólicas ante el quehacer artístico, lo cual le brinda nuevas posibilidades a la obra de arte que se inserta en gran número de nuevas categorías, que permiten construir otros esquemas de percepción con respecto a la obra de arte.

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Nacimiento de Venus (1484), Sandro Botticelli. Galeria Uffizi
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Nacimiento de Venus, Joel Peter Witkin

Es aquí donde comienzan grandes reflexiones en torno al concepto de percepción “Estética”, lo cual permite una ampliación no solo de sus fronteras teóricas, sino que permite, por medio su estudio, incrementar la agudeza crítica del espectador frente a la producción de obra y los objetos que se producen como arte. Situación que mejora la función de la producción artística la cual va más allá de la simple representación de algo, y le brinda la posibilidad a la obra de arte de ser objeto de la idea.

Una nueva idea de hacer, pensar y construir imagen entorno a la obra de arte, y bajo la cual se ampliaban las lecturas abriendo el camino para desarrollar nuevos lenguajes de la imagen artística. El nuevo pensar pone a la obra de arte supeditada a la sensación y la percepción del sujeto, al mismo tiempo que determina la percepción estítica en relación a las condiciones y los constructos sociales y culturales bajo los cuales se des vuelven los individuos, extendiendo las referencias del gusto y del placer en el entorno de las ciudades europeas del siglo XVIII.

Los discursos del hacer artístico y en sí mismo de las nuevas formas de representación, que parten y se validan desde las experiencias del individuo , las cuales están cimentadas en la modernidad abandonan el carácter del juicio ante la obra de arte; las cuales incorporan al nuevos discursos que amplifican los criterios de la razón del pensamiento “Aun más en la experiencia se construye el sujeto como sujeto, como sujeto moderno de una colectividad del gusto, que es, a su vez, fuente de socialización” [1]

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Las tres gracias (1630 - 1635), Pedro Pablo Rubens.

Joel-Peter Witkin, "The Three Graces", 1988
Las tres gracias (1988), Joel Peter Witkin

Es entonces, donde se revalúa la concepción de belleza, la cual ya no está imbricada en el objeto como tal; por el contrario, los nuevos preceptos insertados por los procesos de la modernidad a los pensamientos de la construcción de un pensamiento estético en relación al concepto de belleza, es advertido por la socialización y la colectivización del gusto, en concordancia a la influencia que ejerce el entorno sobre la percepción del individuo como ya lo planteamos anteriormente.

Quedan entonces los preceptos de belleza sujetos al pensamiento del ser y no a la existencia del objeto en sí, “la belleza no es una cualidad de las cosas en sí mismas; existe sólo en la mente que la contempla y cada mente percibe una belleza diferente.” [2]
 
Es aquí donde podemos abrir la reflexión en referencia a la coherencia y la mutualidad bajo la cual responde, se valida y se re significa la imagen artística desarrollada en la modernidad, la cual según Baudelaire tiene un vínculo directo con las concepciones y los constructos sociales de la sociedad del siglo XVIII y bajo la cual los artistas ven una cuan de imágenes notablemente bellas. “la belleza está ligada a la cotidianidad de las costumbres burguesas, las cuales bajo el manto de la modernidad tiende a ser mutables constantemente por lo tanto el hacer artístico responde a esa metamorfosis social”,[3] es así como se construye tránsitos del ser y el hacer, interpretando la construcción artística como la posibilidad de un anecdotario humano, en torno a la construcción de imágenes que evidencie como se está erigiendo la sociedad de la modernidad del siglo XVIII, bajo la cual se está estructurando la cultura. Cultura que superan la concepción limitada de la belleza por la belleza y amplían el concepto al placer y al disfrute desde la sensación que produce la imagen en sí misma, produciendo nuevas formas de comunicabilidad de la producción artística.
  
BIBLIOGRAFIA
·         Bozal, Valeriano. Estética y Modernidad. Xiras, Ramon y Subreville, David. Estética. Editorial Trotta. Madrid – 2003
·         Baudelaire, Charles. El pintor de la vida moderna. El Ancora Editores. Bogotá, Colombia – 1995.



[1] Bozal, Valeriano – Estética y modernidad en  Xiras, Ramon y Subrevilla, David – Estética -  Editorial Trotta – Madrid - 2003
[2] Ibíd.
[3] Baudelaire, Jean – El pintor de la vida moderna - El Ancora Editores. Bogotá, Colombia – 1995.

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